21 marzo 2010

La Muerte y El Duelo

En la vida diaria, las personas van experimentando pérdidas, la vida es un constante nacer y morir: dejar el biberón, la pérdida de la infancia, de la adolescencia, algunos amigos que se van por razones personales, se alejan de nosotros o por muerte, pérdida de habilidades o hábitos, cambio de escuela, de casa, se pierde la soltería, un divorcio o una separación, la muerte de un ser querido… unas pérdidas más intensas que otras.

Y para cada pérdida, se vive un proceso hasta llegar a aceptar que lo perdido o la persona que ya no está más. A este proceso se llama duelo y tiene sus etapas que no se deben desatender.

Escribo basándome en textos encontrados Elisabeth Kübler Ross aclarando los conceptos de duelo, pérdida y muerte para seguir con recomendaciones, a mi modo de entender muy inteligentes que comparte Jorge Bucay en sus libros y finalmente, cómo trata la homeopatía estos procesos.

El duelo es el conjunto de sentimientos, pensamientos, estados de ánimo y reacciones fisiológicas que vive el ser humano por alguna pérdida importante en su vida. No es eterno, aunque puede parecerlo cuando se está pasando, éste dura entre seis meses y un año y medio o dos.

Puede prolongarse a una gran cantidad de años, si no se resuelve bien, la persona no se permite vivirlo expresando sus sentimientos, como llorar y enfrentar su coraje, su culpa. Hay que vivir el duelo para que no se convierta en enfermedad, para que no se vuelva un “duelo patológico”.

En realidad, todo el mundo sabe que va a morir pero nadie se lo cree. Cuando llega el momento, siempre es pronto, inoportuno, quedan mil cosas por hacer, nos pilla improviso. Hay un concepto sutil muy claro de eternidad en cada uno de nosotros que es realmente parcial porque lo que es eterno no es nuestro organismo, nuestro cuerpo.

Cuando la muerte hace acto de presencia en nuestra vida, no sólo nos enfrentamos a la pérdida del ser querido, sino a nuestra propia muerte. Al vivir en una sociedad que vive de espaldas a ella, es algo tremendo, oscuro, misterioso y da mucho miedo.

Fases del duelo, según Elisabeth Kübler Ross

Uno de los libros que más recomiendo cuando empezamos a afrontar el tema de verdad es el libro de Elisabeth Kübler-Ross ‘La muerte: un nuevo amanecer’. Es un libro muy simple, que se lee en pocas horas que nos acerca al proceso de una manera muy natural, pudiendo sintonizar de una vez con nuestro conocimiento más interno y secreto de lo que realmente es la muerte.

Elisabeth Kübler-Ross, en otro libro “Sobre la muerte y los moribundos”, en base a una serie de investigaciones que llevó a cabo personalmente en hospitales. Habla de las fases del duelo después de un acompañamiento durante años de enfermos terminales, aunque también menciona la muerte. Narra con mucha destreza las fases en las que pasa la persona los días o meses previos a su muerte.

Elisabeth Kübler Ross menciona cinco fases durante el duelo, y las llama:

-Negación y aislamiento.
-Ira.
-Pacto.
-Depresión.
-Aceptación.

Negación y aislamiento

Se opone en la idea de que tiene una enfermedad mortal. El paciente puede que se aísle del resto de la gente, reacciones consideradas como normales y como una forma de protección provisional a sí mismo, las cuales serán más tarde sustituidas por una aceptación parcial. La negación puede funcionar como un amortiguador después de una noticia tan impresionante o inesperada como ésta. Es necesario pasar por esta fase para suavizar el dolor.

La ira

Sustituye la negación que tiene el paciente, por los sentimientos de rabia, coraje, envidia y resentimiento. Aquí surgen todos los por qué; los pacientes moribundos suelen quejarse por todo, pueden volverse muy agresivos, todo les parece mal y es criticable, pudiendo responder después con culpa, vergüenza, dolor y lágrimas ante las personas que más aman. Fase difícil pues la ira se desplaza en todas direcciones, incluso injustamente y en muchas ocasiones los que están cerca del enfermo, los que le cuidan, no se preguntan el porqué de su ira y se lo toman como algo personal, cuando esto no es así y más bien es parte del proceso.

Recomienda a quienes rodean al paciente, no reaccionar con más ira pues esto puede provocar una conducta hostil en él y aconseja, en lugar de esto, aceptar la ira irracional del afectado, entendiendo que al expresarla le ayudará a aceptar mejor su pérdida.

En estos momentos, cuando el cuidador o personas que miran por él se sienten agredidos por el enfermo, lo mejor es distanciarse unas horas del ‘’escenario’’ para dar pie a la reflexión mutua y oxigenar el desgaste que se está originando. En aquel momento, el enfermo necesita una persona muy serena, con mucha capacidad de amar, con mucha paciencia. Muchos de ellos se vuelven como niños desprotegidos ante una nueva situación que no saben cómo llevar y deben sentirse seguros dentro de lo que cabe, en los ritmos que vaya viviendo mientras se va.


Pacto

El enfermo no ha sido capaz de afrontar la verdad durante la primera fase, y se ha enojado con los demás en la segunda fase, surge ahora la necesidad de querer llegar a un acuerdo para procurar superar esa desagradable vivencia por la que está pasando. Menciona Kübler-Ross que durante sus investigaciones, la mayoría de los pacientes, el pacto lo hacían con Dios.

Después de haber pasado por las fases anteriores, el paciente pasa por una etapa de depresión, de tristeza profunda y todos los sentimientos anteriores pasan a ser sustituidos por una sensación de pérdida, por esto, la cuarta etapa del duelo es llamada depresión.

Depresión

Kübler Ross recomienda que el moribundo viva este sentimiento y aconseja a las personas cercanas a éste, no alentar al enfermo a que vea el lado positivo de la situación, pues eso evitaría que el moribundo pensara en su propia muerte, sería absurdo decirle esto cuando los demás también se ponen tristes al perder a un ser querido. Si se vive esta etapa y se enfrenta el dolor que consigo lleva, al enfermo le será más fácil aceptar la realidad.

Es muy común que las personas cercanas le cuenten que pronto se repondrá de sus dolencias, que le hablen cuando se recupere, cuando tenga salud… cuando la persona enferma se vuelve muy sensitiva con el entorno y consigo misma y sabe que lo que le sucede es nuevo y no hay nada que funcione bien. No logra entender que lo estén engañando en una etapa tan importante de su vida y llega a aceptar el pacto de no hablar de ello, cuando en realidad, muy posiblemente, quiera compartir sensaciones y sentimientos con la persona más cercana.

La aceptación

Llega cuando todas las demás se han experimentado; el enfermo no se sentirá abatido ni enfadado por su destino. Siente que está preparado, han pasado cosas dentro de él que desconocemos, pero están ahí delante de nuestros ojos. Sin embargo, no significa que aceptación sea sinónimo de felicidad, más bien es como si el dolor no existiera más. En esta etapa es normal que se sienta débil o cansado y por ello tenga la necesidad de dormir o descansar, aunque de diferente manera que en el proceso de depresión, ahora es con tranquilidad, muy parecido al sueño de un bebé recién nacido. Comienza a sentirse una cierta paz, pudiendo estar bien ya sea solo o acompañado, la vida se va imponiendo. A partir de este momento, tengo la certeza que mientras duerme, la persona va ‘’marchando’’, experimentándose en el otro plano hasta que da el paso definitivo.

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Recomendaciones saludables para vivir el proceso de duelo

Jorge Bucay hace algunas recomendaciones para vivir el proceso del duelo, que él llama “Recorrer el camino de las lágrimas” y son las siguientes:

-Permitirse estar de duelo: darse permiso de sentirse mal, de sentir el dolor, pues es el primer paso para recorrer este camino.

-Abrir el corazón al dolor: exteriorizar todas las emociones que aparezcan sin reprimirlas.

-Tomar en cuenta que recorrer el camino requiere tiempo: lo que verdaderamente puede ayudar es qué es lo que hace cada uno con el tiempo. Hay que vivir el día presente, pero también estar preparado para las recaídas que pudieran surgir.

-Ser amable con uno mismo: puede ser que después de un cierto tiempo, la gente comience a decir que ya debería uno sentirse mejor; hay que ser pacientes con uno mismo, no creyendo que ya es tiempo de sentirse mejor pues los tiempos son propios y diferentes en cada persona. Cada persona tiene los suyos.

-No tener miedo de volverse loco: hay que vivir todos los sentimientos durante el duelo, aunque éstos sean muy intensos y a pesar de que otras personas aconsejen a uno “ser fuertes”, la persona sabe que el consejo es de alguien que no ha pasado por el proceso con sus cinco sentidos o no se lo ha permitido.

-Aplazar algunas decisiones importantes: en estos momentos uno puede sentirse confundido incluyendo todos los sentimientos que acompañan al duelo, por esto es mejor tomar las decisiones importantes cuando ya uno se sienta mejor.

-No descuidar la propia salud: hay personas que se sienten tan mal, que se olvidan de su cuerpo. Debe uno estar pendiente de alimentarse bien y de no abusar del tabaco, ni del alcohol, ni de los medicamentos.

-Agradecer las pequeñas cosas: valorar las cosas buenas que se siguen teniendo o encontrando, sobre todo, los lazos familiares, amistades, terapeutas...

-Animarse a pedir ayuda: permitir a los demás, estar cerca de uno aunque ellos no estén pasando por el mismo proceso, pues ellos lo que quieren es que uno se sienta bien y ayudar, aunque no sepan cómo hacerlo. No hay que quedarse esperando la ayuda, hay que animarse a pedirla.

-Procurar ser paciente con los demás: no tratar de complacer a las personas que con buena intención, intentan que uno olvide el dolor; es mejor apartarse discretamente de estas personas y estar cerca de quienes permiten a uno “estar mal” o desahogarse.

-Tener mucho descanso, algo de disfrute y una pizca de diversión: darse permiso y oportunidad de reírse, de hacer bromas, de disfrutar.

-Confiar en los recursos para salir adelante: acordarse de cómo uno solucionó situaciones arduas anteriores; no basta con esperar a que todo se vaya dando, uno también tiene que dar algunos pasos difíciles para reponerse.

-Aceptar lo irreversible de la pérdida: admitir la dolorosa realidad aunque sea lo más difícil que uno ha hecho en su vida. Algunas cosas que pueden ayudar son: hablar de la pérdida que se está viviendo, visitar el cementerio, conversar sobre las condiciones de la muerte.

-Ser consciente de que elaborar un duelo no es olvidar: el proceso del duelo permite darle un sentido a todo lo que se vivió con lo ausente.

-Aprender a vivir de nuevo: aprender a vivir de manera diferente, a vivir sin ese “algo” o “alguien” que ya no se tiene.

-Centrarse en la vida y en los vivos: soltar el pasado y ver las nuevas posibilidades que ofrece la vida. Lo muerto queda afuera, pero la vida continúa.

-Definir la propia postura ante la muerte: no significa que se tiene que coincidir con lo que otros piensan sobre la muerte, a cada uno corresponde aclarar su posición ante ella. Hay cinco temas que es necesario tener determinados: la identidad sexual, la posición filosófica, la relación con los padres, el proyecto de vida y la postura frente a la muerte.

-Volver a la propia fe: ya que pudo haber un momento durante el duelo, en el cual la furia tuvo a Dios como uno de sus destinos favoritos, hay que volver a Dios para pedirle ayuda para aceptar los cambios y ver las opciones.

-Buscar las puertas abiertas: a veces uno está tan ciego por el dolor que se siente, que no se da cuenta de las nuevas puertas que se abren y es importante ser conscientes de esto para estar abiertos a esas oportunidades que se presentan.

-Cuando ya se tenga una buena parte del camino recorrida, hablarles a otros de la propia experiencia: hay que compartir con otros que están recorriendo el camino del duelo, lo que uno aprendió cuando pasó por ello, pues esto es de gran ayuda para el doliente.

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Cada duelo y cada persona es diferente en su modo y en su tiempo, cada individuo lo vive de manera distinta dependiendo de: el tipo de relación familiar con el fallecido o entre la misma familia, el tipo de enfermedad, el tipo de muerte, la actitud mental, la cultura, la edad de muerte del fallecido, la religión, la economía, lugar de origen.

Es importante vivir cada una de las etapas del duelo, para llegar finalmente a la aceptación. Si uno se queda bloqueado en alguna etapa del duelo, éste puede llegar a convertirse en una enfermedad, en un duelo patológico, incluso, pudiendo ocasionar en un futuro enfermedades físicas.

En un momento así, se debe pensar mucho en uno mismo, tratar de ser conscientes de lo que se está pensando y sintiendo, y expresar todas las emociones, ya que esto ayuda a avanzar en el proceso y de esta forma, recuperarse de la pérdida.

Tal vez, lleguen muchos consejos que la gente da con buena intención pero que se contrarían con lo que se siente. Hay que escuchar primero al propio cuerpo, las propias emociones y hacerles caso. Seguramente habrá alguien cerca, que tenga empatía con el doliente y brinde la ayuda que se necesita en esos momentos, ayuda que si no llega, hay que pedirla.


Kübler-Ross Elisabeth. Sobre la muerte y los moribundos. Grupo Editorial Random House Mondadori, S. L. Barcelona, 2004.

Bucay Jorge. Hojas de ruta. Ed. Océano. México, 2003


¿Cómo nos puede ayudar la homeopatía?

Arsenicum Album, es el miedo a la muerte. Está muy contrariado, agresivo, agitado y a la vez postrado. Es la fase más hipocrática. Se siente solo y no acepta su situación, está puntilloso. Está agarrado al mundo material.

Carbo Vegetalis, no se suelta porque no quiere dejar sus seres queridos. Siente que es un abismo lo que le espera y la mano segura que siente a su lado es lo único que realmente siente que tiene. Es el apego en su estado más duro.

Ignatia Amara, está en un grito histérico. El cuadro emocional es muy alternante, con mucha agitación. Llora desconsolado.

Staphysagria, está indignado, con un gran sentimiento de vejación. El sentimiento de injusticia tan grande se le vuelve un globo dentro de sí mismo que no es capaz de expresar.

Allium Cepa vive sufriendo el propio sufrimiento, porque sufre.

Argentum Nitricum tiene mucho nerviosismo con precipitación, las piernas inquietas.

Gelsemium también se siente muy nervioso pero con bloqueo, se paraliza. Es muy anticipatorio.

Stramonium tiene miedo a dormirse por si le pilla la muerte durmiendo. Llega a ver seres que le hablan, le aterrorizan, le obligan a decir y hacer cosas que él no quiere. No soporta la oscuridad, necesita la luz encendida.

Y otros muchos remedios como el propio Phosphorus que es el prínceps del miedo que pueden ayudar en esta etapa… aunque hay que trabajar a través de los matices que diferencian los remedios.

Y me preguntaréis: ¿Y cómo no voy a sentir miedo en el momento de mi muerte o cómo no va a sentir miedo un ser querido cuando deje este mundo si es lo más horrible que nos puede pasar?

Bueno, se supone que has tenido una vida por delante para elaborar tus cambios si se trata de muertes naturales..., tus nacimientos y muertes, te los has permitido con todo lo que implica emocionalmente y psicológicamente, tanto como físicamente… Si es así, el último cambio es el cambio de traje, es el Gran Viaje… si saliste de los demás bien, ¿Qué te hace pensar que no saldrás bien de éste?

Cuando inicies el Gran Viaje es el momento de demostrarte a ti mismo esta eternidad que supones, sólo que ajustada a tu energía vital y además, de la trascendencia sea como sea que tenga que ser.

Yo, como bien sabes, todavía no he hecho mi Gran Viaje y no te puedo contar como es..., sólo te puedo contar que el vacío no existe, sólo te puedo aconsejar que te dejes sentir tú mismo y sabrás bien porque toda esta sabiduría está en ti y tu vienes de allí.

¡Larga y saludable Vida!





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(Dedico este artículo a un ser maravilloso, Doctor en medicina, Pep Major que trabaja en L'Hospital Pere Virgili, 4ª Planta de Barcelona y a Carmen, la asistente social de PADES de la zona de Sarrià. Con todo mi cariño, en agradecimiento mío y de mi marido por vuestro impresionante apoyo durante y después de nuestro proceso. Nunca os olvidaré.)








2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bona tarda, Rosa Maria
Et recordo d'una xerrada que vas donar a Barcelona poc temps després de morir el teu marit i encara ara recordo com em va colpir la teva història i de la manera sencera que ho explicaves. Vaig entendre que havies viscut l'experiència que la mort no existeix i jo tenia una oportunitat d'or per experimentar-ho després de la mort del meu marit ara fa set anys. Aquells minuts amb vosaltres, escoltant-te, va ser el primer pas per sortir del meu dol patològic, si se'l pot dir d'aquesta manera. La meva vida ha fet un tomb des d'aleshores i ara entenc moltes coses. El meu home m'estava esperant a que jo el sentís i el meu dolor no ens deixava tranquils per acostar-nos. Tot és tant fàcil que sembla mentida.
Fa dies que t'he trobat en el blog i fins avui no m'he atrevit a escriure't. Ojalá poguis ajudar a molta gent com ho vas fer amb mi. Ets una gran persona.
Et desitjo molta sort en aquesta vida.
Una abraçada i fins molt aviat.

Marina Pi i Torrella
Barcelona

Rosa Maria Plana dijo...

Moltes gràcies, Marina per llegir aquest espai i decidir-te a escriure. Considera't a casa teva. Petons!