06 septiembre 2010

La meditación, más allá del silencio.





La meditación nos lleva al amor. Es un momento en el que dejamos a un lado nuestros mecanismos habituales y nos encontramos con la savia que realmente nos alimenta. Somos como un árbol que sólo recuerda que es tronco, ramas y hojas y nos hace conscientes que desde sus raíces hasta la punta más extrema de su ser circula un flujo ágil y liviano que es la savia.

La meditación coge las raíces en el alma. Y en el alma encuentra todas las respuestas que el ser inquieto quiere saber. Es un microcosmos, un mundo, un todo infinito, es la luz más hermosa, potente que desmonta uno a uno los miedos, la incertidumbre, las inseguridades.

El amor es mucho más que un sentimiento, es un estado en el que se encuentra la persona y que puede mantenerse de forma permanente. Es un modo de pensar, sentir, vivir, es estar en la fuente de la sabiduría, un retorno a la inocencia, un retorno al Paraíso perdido.

Es un saber desde la inocencia, no desde la intelectualidad. Es el saber de la Vida y de la vida que trasciende.

Va más allá del tiempo, del espacio y se mueve en forma armoniosa, adaptándose al exterior para que pueda dar rienda suelta a su expresión con generosidad, con abundancia.

La meditación nos trae lo que no conoce de apegos, el que te desmonta las estructuras más rígidas. Es la Luz.

La meditación, un día, empezó siendo un ejercicio para calmar la mente y acabó siendo ‘’alimento’’. Empezó siendo una especie de imposición que pactamos nosotros mismos para llegar a algo desconocido para descubrir con la práctica que es un estado de consciencia, es volver con voluntad propia, a la fuente.

Esta fuente te hace libre. En vez de aislarte, de sujetarte en una soledad que ya conoces, te une indisolublemente con la raíz de la humanidad y te enseña que más allá de tus razonamientos, hay bondad y que tú estás en la raíz.

El niño que llevamos dentro se expande y coge confianza. Sentimos una excitación poco común que es la recuperación de aquella ilusión perdida que nuestros años de adultos se encargaron de matar. A partir de ahí nuestro verbo será otro, nuestro gesto, también, nuestro ver verá más y escucharemos lo que otros no pueden oír.

Nuestro ser será un árbol hermoso con una savia que es luz, alimento puro que se transmitirá a través de los poros y que contagiará.

No es un estado alterado de la consciencia, somos nosotros. No necesitamos artificios, ni drogas, ni muletas ni nada para llegar a eso, es tan sencillo como querer experimentar.
Integrando la meditación, nuestra vida será meditación pura. Ya no será un recurso del cual ir a parar. Cada segundo de nuestra vida será un estar Aquí y Darse cuenta de cada detalle de lo que nos rodea, de nosotros mismos, del otro, abriendo puertas a nuevas capacidades, a observar, aprender.

Y con este paso, el pulso entre el amor y el poder, del cual nos vemos impulsados en nuestro día a día, será estimulado por una voz interior que nos transformará en creadores de nuestra propia historia y nunca más seremos víctimas del mundo porque somos nosotros quienes construimos nuestra realidad, nuestro sentir.

La meditación es escuchar y escuchando se aprende de este juego que es la vida, de sus leyes, de sus bromas, de sus pruebas, de las provocaciones. Sabiendo que cada paso es importante y que es bueno mantenerse despierto.