14 agosto 2008

El sol, fuente de salud.


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Todos conocemos (deberíamos conocer) los efectos nocivos del sol sobre la piel, los ojos con su uso indiscriminado y las repercusiones que puede llevar a corto, medio y largo plazo.
Lo que no se cuenta es que su exceso puede llegar a alterar la información del ADN y conducirnos al cáncer. Además, de la importancia de las debidas cremas protectoras, considerando el tipo de piel, evitar el abuso de exposición en niños y gente mayor y más en días de mucho calor, intentando que no estén expuestos de manera directa, igualmente, las personas con salud delicada o con procesos en los que haya úlceras, heridas, degeneraciones en tejidos de manera aguda o crónica.
No obstante, rompiendo una lanza a favor del sol, hoy vamos a contar los beneficios que éste tiene para la salud. Además, del oxígeno, la necesidad de aire libre para nuestro organismo que nos proporciona el momento, esperando que todos, de manera equilibrada nos podamos suministrar de manera regular esta exposición de manera sana.
La mayoría ya sabes que gracias al sol, la vitamina D es la encargada de metabolizar bien el calcio en nuestro organismo. El sol hace posible que se desencadene la absorción de esta vitamina. Ayuda a evitar la osteoporosis, distintas osteopatías, así como determinados tipos de cáncer, diabetes, esclerosis múltiple, incluso se ha llegado a asociar con posibles causas de autismo.
Se sabe que una falta de exposición al sol y aire libre lleva al decaimiento del organismo, produciendo flacidez, ya no sólo a nivel de piel y músculos, sino también orgánicamente, aunque es un factor más que se puede juntar con el sedentarismo y una alimentación inadecuada.
No debemos olvidar que gracias al sol, hay vida en nuestro planeta y que las voces de alarma nos tienen que llevar a la moderación, dosificación y no mantenernos encerrados.
Se sabe que en países donde hay ausencia de sol, hay una tendencia importante hacia la depresión, la ansiedad, suicidio… No es una cuestión puramente psicológica, es también metabólica, orgánica.
La exposición debería ser a primeras horas de la mañana, evitando las horas del mediodía y poder reanudar a partir de media tarde. El aumento paulatino del tiempo de exposición, partiendo de diez minutos los primeros días e ir aumentando poco a poco, llegando a un máximo de tres cuartos de hora a una hora, dependiendo de la persona y de su tolerancia, es más que suficiente para que el organismo se suministre de lo que necesita.
Algunas tendencias naturistas aconsejan empezar la exposición por las piernas e ir aumentando, también puede hacerse de esta manera que es la sabia, la que nos enseñó el Doctor Vander y los veteranos naturistas.
No obstante, cada cual conoce su límite y si hace caso a su propia necesidad, su intuición es lo más sabio que puede hacer, por tanto, habrá quien con la mitad de este tiempo tenga más que suficiente o que el ritmo de exposición sea mucho más lento.
No sólo el ánimo subirá, la vitalidad, aportando tranquilidad y también la agilidad, siendo un precioso elemento depurador y energético de nuestra piel previamente protegida y de todo el organismo reforzando el sistema inmunológico de posibles infecciones, estimulando el flujo sanguíneo. Ayuda a conciliar el sueño, disminuyendo el cansancio y es un excelente aliado a nivel hormonal.
Para su exposición deberíamos de protegernos la cabeza o hacer repetidos baños en el agua o pequeñas duchas para que la temperatura de nuestra cabeza no aumente. Recordemos que debemos estar bien de salud y que la frecuencia cardíaca puede aumentar con facilidad.
Si lo que queremos es iniciarnos en el nudismo, deberíamos considerar que hay partes de nuestro cuerpo que nunca han sido expuestas, por tanto, deberemos ser pacientes para que la piel se adapte y no aumentar la exposición con tanta rapidez, se trata de no llegar a notar la sensación de quemadura ni escaldadura en ningún momento.
Siempre se debería terminar con una ducha con agua fresca o tibia tirando a fresca para compensar el aumento de la temperatura y ayudar a regular. Es importante este detalle pensando que nuestro organismo pide siempre que lo mantengamos en equilibrio y libra una batalla tras otra para conseguirlo, colaborar en esto y unas pequeñas pautas que si nos paramos a pensar son de sentido común, no debería costarnos.
Se cuenta que fue Chanel que puso de moda, en los años 20 del siglo pasado, el bronceado, cuando en aquel momento se llevaban los rostros sin sol, eran señal de determinado nivel social y que la locura por el sol llegó a los 70 y 80, manteniendo el símbolo de estatus, lo que antes eran las pieles blancas ahora lo eran las bronceadas y cuanto más, mejor, siendo símbolo social de capacidad para ir de vacaciones, de ir a esquiar, de mil cosas que provocaban rostros y pieles quemadas con envejecimiento precoz que algunas de ellas han derivado en enfermedades severas.
Ahora, descubierto el pastel, el juego social que ha tenido el sol en nuestros días (que si nos paramos a pensar, bastante absurdo), seamos inteligentes y tomemos la sartén por el mango y decidamos, apostemos por nuestra salud, aparcando modas y otros derivados, escuchando nuestro organismo y lo que la intuición realmente nos dice de nuestras exposiciones al sol.
Lo que nadie les contó a estas gentes cuando llegó Chanel con sus rostros en sus pasarelas es que la piel tiene memoria y somos como paneles solares, es decir, acumulamos la energía en la cual nos exponemos y ningún verano ni exposición se parte de cero.
He olvidado mencionar los rayos UVA y es que pienso que el público que me lee ya sabe diferenciar y es tema a parte que no tiene nada que ver con la salud y sí con la estética de manera pura y dura.
¡Que paséis un feliz verano, disfrutando del sol con inteligencia!