17 enero 2012

Volver a casa...


Hace unos días, recibí este correo de una paciente que viene a verme para elaborar su duelo, la pérdida de un hermano suyo que murió de cáncer siendo aún joven. Como un buen proceso de duelo, en su día, salieron todos sus miedos, fantasmas que la acompañaban durante años y su terapia ha sido un viaje muy interesante en el que la terapia regresiva ha tenido un papel fundamental para ella poder ver y comprender. A través de la TVP ha descubierto grandes cosas...

 Le pedí permiso para publicarlo en el blog omitiendo detalles de su vida personal, así como su nombre real. De este modo, colaboro en su deseo de proclamar a los cuatro vientos que morir no es más que una vuelta casa.

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Estoy haciendo mis deberes de anotar en un diario las secuencias en las que me veo cada día y voy encontrando el gusto a esto. Es un ejercicio muy bueno para conocerse. Empiezo a darme cuenta, después de ocho meses de duelo, lo agradecida que me siento por este proceso y nunca lo hubiera dicho antes, me ha abierto una puerta a conocerme más, afrontar mis miedos más atroces. Ver cara a cara la vida y la muerte.

A menudo me viene la imagen de que la vida y la muerte son como el mar con su oleaje que se arrima a la orilla, allí da y suelta de su superficie y profundidad y recibe de la arena, de la playa tesoros que ella tiene por recibir. Lo sucio, lo tóxico, lo absurdo lo escupe… como si un drenaje se tratara, primero se lo queda y luego, lo suelta y lo devuelve para quien es en realidad. La ola parte nuevamente para volver al mar, su casa, a la inmensidad, al todo más absoluto. Las olas, fíjate, parten ágiles y sencillamente, para volver a casa…

Nosotros, un día, también partimos para entregar y entregarnos a la vida. Y en la medida que nosotros vamos dando, la vida nos va entregando en experiencias, sabiduría.

Un bolsillo para dar y el otro para recibir es lo que llevamos en el alma y sé que me vas a decir que mejor no compartimentar y ponerlo todo en un solo sitio. ;-)

Finalmente, partimos, repletos de tesoros y con el drenaje que ha hecho nuestro cuerpo físico, en una vida que yo deseo consciente, esperando marchar a través de una muerte consciente para volver a casa. Cada uno a su casa, es como lo veo yo, como seres singulares, como lo es la consciencia.

Lo mejor es que en este partir y volver nunca estamos solos. He entendido cuando me dices que en muchas ocasiones este sentimiento de soledad viene por la disociación que vivimos con nuestro interior y la acumulación de las resonancias con nuestro pasado. He visto que es verdad, que reconectándome en mi centro, de golpe, sin más esfuerzo, me he visto ahí, completa, que no me falta nada. Salen grandes verdades.
Sé que hay alguien que me acompaña, alguien muy antiguo que me protege porque desde la muerte de mi hermano, me han pasado cosas casi mágicas y siento que el proceso de su enfermedad ha servido para podernos despedir desapegándonos de la materia, pero aún me puede el echarle en falta, el sentimiento. Sé que aún necesito tiempo, mucho más.

Sé que él está para re-sintonizarme con esta dimensión espiritual y es una gran oportunidad que tengo, esto me hará mejor persona y mi puzle de esta vida, algún día, recobrará sentido y un bonito paisaje con él  integrado desde donde está. No lo veo todavía, pero siento que es así.

Cada vez que he hecho una regresión contigo y he revivido las múltiples muertes en las que me he visto, he comprendido que la muerte es una experiencia más dentro de todas las experiencias que a mi alma le ha tocado vivir y es maravilloso ver y vivir esta eternidad.

A veces, morir era un irse suave y plácidamente, llena de luz y esperanza. Otras, eran dolorosas o traumáticas experiencias, el alma salía de un traje pesado, un disfraz de encima… pero, lo magnífico es que cuando la muerte era provocada y había tanta oscuridad con un sentimiento profundo de culpa, siempre, siempre había esa luz allí, esperándome, iluminando el camino a casa.

Morir no es más que sacarse un vestido, un vestido muy pesado que era imprescindible para vivir en una existencia en la densidad.

Siento que es hora de contarlo a los cuatro vientos, quiero explicarlo, invitar a la gente que tenga estas experiencias, escribirlo, comunicarlo, transmitirlo con fuerza porque para mí ha sido encontrar mi certeza, ya no me hará más falta la fe ciega.

Nadie debería temer la muerte. Lo difícil tiene que ser nacer en un cuerpo denso como me comentas tú. No sé como proclamar que nadie tema morir para no entrar en confusión antes del gran paso... Es simplemente volver a casa.

Gracias nuevamente por todo. Un beso.

Carina P.

2 comentarios:

Mariona dijo...

Creo que todo el mundo debería conocer estas terapias por la calidad de vida que aportan. Me siento agradecida a la vida por conoceros. Un beso, Rosa.

Rosa Maria Plana dijo...

Gracias a todos por tan hermosos comentarios y correos cariñosos. Un abrazo grande, queridos!