23 diciembre 2008

La rabia... más que un simple enfado

Cuando nos referimos a la rabia siempre pensamos que es un enfado subido de tono más allá de lo normal. Implica el odio y una parte de la persona donde se activan viejas memorias a modo de espejo de sus experiencias pasadas y junto con la mecha pertinente que en cierto modo recuerda alguno de los datos de estas viejas memorias, desencadena una faceta de nosotros mismos que si nos observamos, no conocíamos antes.

Nos transformamos de Jeckyl a Hyde y viceversa… ¿os suena familiar?

Este tipo de enfado que sale de manera desbocada y con fuerza de nuestro cuerpo como si fuera una explosión de nitroglicerina, tiene unas consecuencias en nuestro organismo que sometemos a un elevado grado de excitabilidad. El aparato cardiovascular se contrae y fluye la sangre a elevada velocidad por el torrente sanguíneo, además de la elevada presión producida por una hiperacción del corazón, el riñón descarga cortisol porque entiende que sometemos al organismo a un estrés por encima del que puede someterse. Esto provoca un cambio de comportamiento, disminución de defensas, pérdida de memoria, dolores de cabeza, falta de apetito o hambre desmesurada y lo que es peor, es el mejor oxidante para envejecer.

Lo que no se cuenta habitualmente es el desgaste nervioso que captura la situación, muchas veces es un gasto que no se recupera porque es un tóxico fuertísimo que va en contra de uno de los más importantes órganos que tiene el cuerpo que es el hígado.

¿Cómo manejarlo cuando se desencadena, cuando lo sentimos? Una vez elaborado tiene que salir de un modo u otro o revierte en el propio organismo. Sin emblargo, hay un ejercicio que podemos hacer por nuestra cuenta o de la mano de un terapeuta que es analizar el por qué de nuestras explosiones, qué resuena en nosotros y qué ocasiona nuestra pérdida de equilibrio.

Muy a pesar nuestro, descubriremos que tenemos parcelas de nosotros abandonadas y pendientes de trabajar, algunas que madurar, pero la buena noticia es que estamos muy capacitados para resolver, de manera que nuestras explosiones no serán nunca más lo que eran.

La rabia, esta irritabilidad desmesurada es la respuesta de una situación que entendemos desmesurada y ahí el análisis que debemos hacer con absoluta honestidad. Nos daremos cuenta que la situación en sí no es una situación desmesurada, sino que llevamos en nosotros mismos una acumulación y que el detonante podía haber sido cualquier otra situación y es como la lotería, toca a quien toca.

La homeopatía puede ayudar a canalizar estos estados de rabia, pero lo que mejor nos resultará si nos entretenemos a profundizar como vemos la vida, el por qué de nuestra tristeza tan arraigada que nos lleva a momentos de enfado tan fulminantes, a quienes consideramos culpables de nuestra historia y si realmente lo que resuena en nosotros es la rabia o quizás, una voz de ayuda para que alguien nos saque de donde estamos porque nos entendemos en la miseria.

Todos, en algun momento, hemos tenido este tipo de explosiones como un ‘basta ya’ profundo salido de las entrañas, pero cuando estas bombas son ante situaciones siempre repetidas: ante una decisión que pueda tener alguien cercano y no se ajuste a nuestros esquemas, ante personas que entienden la vida de una manera diferente a la nuestra, ante la contradicción de no conseguir lo que deseamos porque el otro se mueve por otros lares….

Cuando se da de manera reiterada alguna de estas circunstancias, nos debemos revisar porque hay algo en nosotros que pide un trabajo a fondo y éste será en beneficio nuestro y a posteriori, beneficio hacia los demás.

Esto es lo que os aconsejo para llegar un poco más allá de lo simple.

¡Hasta pronto!



No hay comentarios: